EL MAESTRO CANTOR DE VIDA (Por J. Krishnamurti)

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Tendida a las orillas de plácida corriente,
Una ciudad enorme, toda plena de gente,
Pero vacía de vida,
¡Qué dolor, su existencia!

Allí, grandiosos templos con labradas imágenes,
Allí, dioses forjados por el pensar del hombre,
Altivos sacerdotes, que con voz suave entonan
Solemnes, fuertes cánticos;
Allí, graves filósofos, bajo los frescos árboles
En discusiones sabias;
Quejidos de aflicción, temor al sufrimiento,
Religión convertida en complicadas reglas
Que ninguno comprende;
Severísimas normas de moral que cada uno
Fija para los otros;
Allí, oprimido el débil para que el fuerte medre,
Y ricos y harapientos
Corriendo confundidos por la mezquina senda.
Por doquiera la lucha, por doquier la contienda:
Entre dioses y dioses, entre amores y amores, entre leyes y leyes.

Y se llamaba “el mundo”,
La triste villa inmensa.

Entre cuatro senderos, una mañana espléndida,
Clamó un hombre: “¡Oíd, oh gentes
De esta ciudad opresa!
En vosotros hay podre;
En vosotros hay guerra.
De vuestra vida el cántico
Lleno está de impureza.
El gran Cantor de Vida
A vuestras puertas llega:
Su canción armoniosa
Oíd todos, atentos”.

El jazmín perfumado, a la nocturna sombra
Desplegaba sus pétalos.

“Yo soy el gran Maestro Cantor de Vida. Mucho
He sufrido, sí; pero hace ya mucho tiempo
Que en gozo y en saber trocóse el sufrimiento.
Y mi canción es pura: conserva su pureza
En tu alma. No temas. Es sencillo el sendero.
De las complejidades de dioses y creencias,
Y de las incontables teorías religiosas,
Libra tu mente.
Con cadenas de ritos, tu vida no entorpezcas,
En ansia de consuelo.
Sé tú, para ti mismo, una lámpara. Entonces
Sobre la faz de otros ya no arrojarás sombras.
La vida, bella y pura, no dejes que se agoste
Del miedo en las prisiones.
Sé libre, y verás como, de lo hondo de tu caos,
Brota un milagro: el orden.
Ama la vida. Ámala con todo amor, y nunca
Sabrás qué es estar solo.
Mucho he sufrido; pero hace ya mucho tiempo
Que en gozo y en saber trocóse el sufrimiento.
Soy libre y feliz por siempre. Soy el Maestro cantor de Vida”,
La lluvia, dulcemente,
Volcaba su frescura sobre la tierra ardiente.

Unos pocos oyeron, con hondo regocijo;
Y dejándolo todo, su vida libertaron
De duelo y servidumbre.
“Sí”; –gritaron las gentes.
“Mas, cómo lograremos conciliar con tu cántico
Nuestros antiguos dioses?
¿Cómo conseguiremos que tus palabras se aleen,
Sin un clamor de escándalo, en los soberbios templos
Que hicieron nuestras manos?
No eres sino maestro de confusión. ¿Aléjate!
De ti nada queremos. Tu voz habla de cosas
Nunca jamás oídas. El diablo habla por ti.
¡Atrás! ¡Lejos de Aquí!”

El gran Cantor de Vida su marcha prosiguió,
Y la ciudad, en lucha y en confusión quedó.

J. Krishnamurti (1895 – 1986)

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