DOS MUNDOS (Por Oscar Ponce de León)

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¡Ahora que conozco demasiado a los hombres,
recuerdo tantas cosas de cuando era pequeño! ...

Era entonces un niño de diez años,
mas ya llevaba un mundo que ardía en mi cerebro,
y otro mundo fantástico en los ojos
poblado de visiones y de ensueños...

Y voces que me hablaban al oído
y me contaban fabulosos cuentos,
y otras veces fantasmas que decían
maravillosos versos...

¡Cada noche, dormido, visitaba
el país de las Hadas y los Genios!...

Yo vivía en dos mundos diferentes:
el mundo de los vivos y el mundo de los muertos...
¡El mundo de la carne y el mundo del espíritu,
que lo mismo que Dante, los uno cuando quiero!...

¿Acaso no están juntos? ... ¿Acaso no se tocan?...
Sólo están separados por un liviano velo,
y hoy giran en mis juegos malabares
como antorchas de fuego...

En este mismo instante en que yo escribo
se está haciendo visible mi Maestro,
y sonríe su rostro iluminado
como la Esfinge, lleno de misterio...

Blanco turbante ciñe su cabeza,
una amplia túnica le cubre el cuerpo,
y destaca en el mármol de su frente
el signo astral que hoy rige el Universo...

Yo también le sonrío complaciente,
mientras leyendo está mi pensamiento,
la devoción inmensa que le guardo
por todos los cuidados que le debo...

Mientras dibuja con su fina mano
la simbólica Cruz del Nazareno,
se va esfumando su gentil figura
como el humo aromado del incienso...

¡Que fuerza y qué confianza me produce
mientras avanzo por el GRAN SENDERO,
saber que no estoy solo, que me ayuda
un Hierofante del sagrado Templo!...

Y que, cuando lo invoco, al punto viene
por las astrales rutas a mi encuentro,
desde las altas y Sagradas Cumbres
donde aislados del mundo, trabajan los Adeptos...

¡Cumbres del Himalaya, que se empinan
anhelando besar el firmamento!...
¡Nieves blancas y puras donde se oyen
las inefables voces del Silencio!...

Desde niño me reveló la Vida
sus más hondos enigmas y misterios,
mas yo creía que era un don de todos
pues ignoraba, entonces, a los necios...

Ahora que conozco demasiado a los hombres
y en sus naves veloces los marcianos vinieron,
ya sé que a grandes pasos se acerca el cataclismo
que ha de aislar a los malos de los buenos...

Oscar Ponce de León

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