Archivos Mensuales: marzo 2013

EL MAESTRO CANTOR DE VIDA (Por J. Krishnamurti)

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Tendida a las orillas de plácida corriente,
Una ciudad enorme, toda plena de gente,
Pero vacía de vida,
¡Qué dolor, su existencia!

Allí, grandiosos templos con labradas imágenes,
Allí, dioses forjados por el pensar del hombre,
Altivos sacerdotes, que con voz suave entonan
Solemnes, fuertes cánticos;
Allí, graves filósofos, bajo los frescos árboles
En discusiones sabias;
Quejidos de aflicción, temor al sufrimiento,
Religión convertida en complicadas reglas
Que ninguno comprende;
Severísimas normas de moral que cada uno
Fija para los otros;
Allí, oprimido el débil para que el fuerte medre,
Y ricos y harapientos
Corriendo confundidos por la mezquina senda.
Por doquiera la lucha, por doquier la contienda:
Entre dioses y dioses, entre amores y amores, entre leyes y leyes.

Y se llamaba “el mundo”,
La triste villa inmensa.

Entre cuatro senderos, una mañana espléndida,
Clamó un hombre: “¡Oíd, oh gentes
De esta ciudad opresa!
En vosotros hay podre;
En vosotros hay guerra.
De vuestra vida el cántico
Lleno está de impureza.
El gran Cantor de Vida
A vuestras puertas llega:
Su canción armoniosa
Oíd todos, atentos”.

El jazmín perfumado, a la nocturna sombra
Desplegaba sus pétalos.

“Yo soy el gran Maestro Cantor de Vida. Mucho
He sufrido, sí; pero hace ya mucho tiempo
Que en gozo y en saber trocóse el sufrimiento.
Y mi canción es pura: conserva su pureza
En tu alma. No temas. Es sencillo el sendero.
De las complejidades de dioses y creencias,
Y de las incontables teorías religiosas,
Libra tu mente.
Con cadenas de ritos, tu vida no entorpezcas,
En ansia de consuelo.
Sé tú, para ti mismo, una lámpara. Entonces
Sobre la faz de otros ya no arrojarás sombras.
La vida, bella y pura, no dejes que se agoste
Del miedo en las prisiones.
Sé libre, y verás como, de lo hondo de tu caos,
Brota un milagro: el orden.
Ama la vida. Ámala con todo amor, y nunca
Sabrás qué es estar solo.
Mucho he sufrido; pero hace ya mucho tiempo
Que en gozo y en saber trocóse el sufrimiento.
Soy libre y feliz por siempre. Soy el Maestro cantor de Vida”,
La lluvia, dulcemente,
Volcaba su frescura sobre la tierra ardiente.

Unos pocos oyeron, con hondo regocijo;
Y dejándolo todo, su vida libertaron
De duelo y servidumbre.
“Sí”; –gritaron las gentes.
“Mas, cómo lograremos conciliar con tu cántico
Nuestros antiguos dioses?
¿Cómo conseguiremos que tus palabras se aleen,
Sin un clamor de escándalo, en los soberbios templos
Que hicieron nuestras manos?
No eres sino maestro de confusión. ¿Aléjate!
De ti nada queremos. Tu voz habla de cosas
Nunca jamás oídas. El diablo habla por ti.
¡Atrás! ¡Lejos de Aquí!”

El gran Cantor de Vida su marcha prosiguió,
Y la ciudad, en lucha y en confusión quedó.

J. Krishnamurti (1895 – 1986)

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EL SUBCONSCIENTE (Por Amado Nervo)

inconsciente

Cada Vida le ofrece su cosecha
y se extingue después.
Cada alma va hacia él como una flecha,
y en su gran alma, chispa nueva es.

Cada tránsito en él es enseñanza:
cada humana aflicción
un ala nueva para su esperanza
de perfección.

Él la clave posee de tu estado,
él ha pesado
cada desliz;
él comprende por qué eres desgraciado,
por qué fuiste feliz.

Es el dueño y señor por quien laboras;
es tu conciencia; mas con vastedad
vertiginosa, él sabe cuanto ignoras,
y lleva en sí tu eternidad.

Él vela cuando duermes, y en tu mente
es un genial relámpago, un tropel
de rimas, trémulo y resplandeciente.
Tú pasas, sí, mas él es permanente;
tu mudas, sí, mas él es siempre fiel.
Sólo vives para tu Subconsciente,
y mueres sólo para él.

Amado Nervo (1870 – 1919)

SI… (Por Rudyard Kipling)

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Si logras conservar intacta tu firmeza
cuando todos vacilan y tachan tu entereza,
si a pesar de esas dudas mantienes tus creencias
sin que te debiliten extrañas sugerencias;
si puedes esperar e inmune a la fatiga
y fiel a la verdad, reacio a la mentira,
el odio de los otros te deja indiferente,
sin creerte por ello muy sabio o muy valiente.

Si sueñas, sin por ello rendirte ante el ensueño,
si piensas, mas de tu pensamiento sigues dueño,
si triunfos o desastres no menguan tus ardores
y por igual los tratas como dos impostores;
si soportar oir la verdad deformada
y cual trampa de necios por malvados usada
o mirar hecho trizas de tu vida el ideal
y con gastados útiles recomenzar igual…

Si toda la victoria conquistada
te atreves arriesgar en una audaz jugada,
y aun perdiendo sin quejas ni tristeza,
con nuevos bríos reiniciar puedes tu empresa;
si entregado a la lucha con nervio y corazón
aun desfallecido persistes en la acción
y extraes energías, cansado y vacilante
de heroica voluntad que te ordena: ¡Adelante!

Si hasta el pueblo te acercas sin perder tu virtud
y con reyes alternas sin cambiar de actitud,
si no logran turbarte ni amigo ni enemigo,
pero en justa medida pueden contar contigo;
si alcanzas a llenar el minuto sereno
con sesenta segundos de un esfuerzo supremo,
lo que existe en el mundo en tus manos tendrás.
¡Y además, hijo mío, un hombre tú serás!

Rudyard Kipling (1865 – 1936)

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DOS MUNDOS (Por Oscar Ponce de León)

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¡Ahora que conozco demasiado a los hombres,
recuerdo tantas cosas de cuando era pequeño! ...

Era entonces un niño de diez años,
mas ya llevaba un mundo que ardía en mi cerebro,
y otro mundo fantástico en los ojos
poblado de visiones y de ensueños...

Y voces que me hablaban al oído
y me contaban fabulosos cuentos,
y otras veces fantasmas que decían
maravillosos versos...

¡Cada noche, dormido, visitaba
el país de las Hadas y los Genios!...

Yo vivía en dos mundos diferentes:
el mundo de los vivos y el mundo de los muertos...
¡El mundo de la carne y el mundo del espíritu,
que lo mismo que Dante, los uno cuando quiero!...

¿Acaso no están juntos? ... ¿Acaso no se tocan?...
Sólo están separados por un liviano velo,
y hoy giran en mis juegos malabares
como antorchas de fuego...

En este mismo instante en que yo escribo
se está haciendo visible mi Maestro,
y sonríe su rostro iluminado
como la Esfinge, lleno de misterio...

Blanco turbante ciñe su cabeza,
una amplia túnica le cubre el cuerpo,
y destaca en el mármol de su frente
el signo astral que hoy rige el Universo...

Yo también le sonrío complaciente,
mientras leyendo está mi pensamiento,
la devoción inmensa que le guardo
por todos los cuidados que le debo...

Mientras dibuja con su fina mano
la simbólica Cruz del Nazareno,
se va esfumando su gentil figura
como el humo aromado del incienso...

¡Que fuerza y qué confianza me produce
mientras avanzo por el GRAN SENDERO,
saber que no estoy solo, que me ayuda
un Hierofante del sagrado Templo!...

Y que, cuando lo invoco, al punto viene
por las astrales rutas a mi encuentro,
desde las altas y Sagradas Cumbres
donde aislados del mundo, trabajan los Adeptos...

¡Cumbres del Himalaya, que se empinan
anhelando besar el firmamento!...
¡Nieves blancas y puras donde se oyen
las inefables voces del Silencio!...

Desde niño me reveló la Vida
sus más hondos enigmas y misterios,
mas yo creía que era un don de todos
pues ignoraba, entonces, a los necios...

Ahora que conozco demasiado a los hombres
y en sus naves veloces los marcianos vinieron,
ya sé que a grandes pasos se acerca el cataclismo
que ha de aislar a los malos de los buenos...

Oscar Ponce de León

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LOS SILFOS (Por Francisco Villaespesa)

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¡Oh Silfos! Invisibles mensajeros astrales...
Surgisteis de los labios del Supremo Hacedor,
para animar el mísero barro de los mortales,
con los mismos impulsos del Eterno Creador. 

Por vosotros, la frente que la fiebre consume
se refresca en las noches serenas y reposa...
La vida es una rosa,
¡y vosotros, a todos les lleváis su perfume!
Atravesando el viento,
desde los misteriosos palacios siderales,
transmitís a los míseros mortales
la savia del divino pensamiento...
Y por vuestro contacto conocemos,
y en vuestro tenue soplo presentimos
las cosas que no vimos,
y las futuras que jamás veremos.
Sois la palabra incógnita y secreta,
que murmura el silencio en el oído
del pálido poeta,
cuando interroga lo desconocido...
Esa palabra que al romper su velo
es una Anunciación, predice un cielo
y nos abre las puertas de la inmortalidad.
¡Por vosotros, las sombras huyen avergonzadas
y la luz nos penetra, porque sois las miradas
de la Eterna Verdad.

Francisco Villaespesa (1877 – 1936)

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FIDES (Por Amado Nervo)

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No te resignes antes de perder
definitiva, irrevocablemente,
la batalla que libras. Lucha erguido
y sin contar las enemigas huestes.
¡Mientras veas resquicios de esperanza
no te rindas!. La suerte
gusta de acumular los imposibles
para vencerlos en conjunto, siempre,
con el fatal y misterioso golpe
de su maza de Hércules.
¿Sabes tú si el instante
en que ya fatigado, desesperes,
es justo aquel que a la definitiva
realización de tu ideal precede?
Quien alienta una fe tenaz, al hado
más torvo compromete
en su favor. El sino a la fe sólo
es vulnerable y resistir no puede.
La fe otorga el divino privilegio
de la causalidad a quien la tiene
en grado heroico.
Cuando las tinieblas
y los espectros y los trasgos lleguen
a inspirarte pavor, cierra los ojos,
embraza tu fe toda y ¡arremete!
¡Verás cómo los monstruos más horribles,
al embestirlos tú, se desvanecen!
Cuanto se opone a los designios puros
del hombre, es irreal; tan sólo tiene
la imaginaria vida
que le dan nuestro miedo y nuestra fiebre.
Dios quizo en su bondad que los obstáculos
para aguzar las armas nos sirviesen;
quiso que el imposible
estuviera nomás para vencerle,
como está la barrera en los hipódromos,
a fin de que la salten los corceles.
Búrlate, pues, de cuanto en el camino
tu altivo impulso detener pretende.
¡No cedas ni a los hombres ni a los ángeles!
(Con un ángel luchó Jacob, inerme,
por el espacio entero de una noche
y el ángel le bendijo, complaciéndose
en la suprema audacia del mancebo,
a quien llamó Israel, porque era fuerte
contra todos...)
¡Ama mucho, el que ama embota
hasta los aguijones de la muerte!
Que tu fe trace un círculo de fuego
entre tu alma y los monstruos que la cerquen,
y si es mucho el horror de los fantasmas
que ves, ¡cierra los ojos y arremete!

Amado Nervo (1870 – 1919)

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CUANDO YO SEA SÓLO UN SUEÑO (Por Paramahansa Yogananda)

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He venido a deciros todo acerca de Él,
Y de como aprisionarlo en vuestro corazón,
Y de las disciplinas que propicia Su gracia.
A aquellos de vosotros que me habéis pedido
Que os conduzca a la presencia de mi Bienamado,
Os apercibo con la muda palabra de mi mente,
O bien os hablo con una suave mirada sugerente,
O también con un dulce murmullo de amor.
O en voz alta os disuado cuando os apartáis de Él.
Pero cuando yo ya no sea sino sólo un recuerdo
O una imagen mental, o una voz que se escucha en el silencio;
Cuando ningún llamado de esta tierra pueda ya revelar
Mi sitio en el espacio insondable;
Cuando ni la súplica débil ni el mandato estentóreo
Puedan ya obtener de mí una respuesta,
Entonces sonreiré en vuestra mente cuando estéis en lo justo,
Y cuando no lo estéis lloraré con mis ojos,
Y os estaré observando desde la oscuridad,
O quizá también llore con vuestro propio llanto.
Os hablaré en murmullo desde vuestra conciencia;
Con vuestra propia razón razonaré en vosotros,
Y a todos amaré con vuestro propio amor.
Cuando ya no podáis venir a hablar conmigo,
Leed ‘Susurros de la Madre Eterna’;
eternamente os hablaré a través de ellos.
Caminaré a vuestro lado sin vosotros saberlo,
Y os protegerán siempre mis brazos invisibles.
Y cuando por fin conozcáis a mi Divino Amado,
Y podáis ya escuchar Su voz en el silencio,
Me conoceréis de nuevo en forma más tangible
De como lo habéis hecho en el plano terreno.
Y no obstante que ya para vosotros yo no sea sino un sueño,
Os vendré a recordar que vosotros también
Sois solamente un sueño de mi Bienamado.
Y cuando sepáis que sólo sois un sueño, como ahora lo sé yo,
Estaremos por siempre despiertos en Él.

P. Yogananda (1940). 

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Dios (Por Girólamo Savonarola)

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Dicen que no comprendo tu existencia,
que el fuego de los réprobos me quema;
y que mi lengua sin cesar blasfema,
y que no entiendo la palabra Dios.

Dicen que no te busco ni te imploro,
ni tus grandezas infinitas veo;
dicen que tengo el corazón de ateo,
y que mi labio te maldice, ¡No!

El Universo es el augusto Templo
donde te encuentra absorta la mirada,
el sol es una lámpara colgada
que derrama su luz sobre tu altar.

Allí te adoro yo, porque tu nombre
entre los astros fulgurantes brilla
y en espíritu doblo la rodilla
adorando en silencio tu bondad.

El aire que la atmósfera embalsama,
la savia que los seres acrecienta,
y el fuego que los mundos alimenta,
Tu excelso nombre proclamando están.

Eres la voluntad inquebrantable,
el Bien Eterno, la Virtud Potente;
de la Verdad inagotable fuente,
porque eres la Razón Universal.

En su mezquina estupidez el hombre
se forja un Dios indigno de alabanza,
ebrio de odio, cólera y venganza,
terrible y sanguinario como él.

Otras veces se finge, en su locura
un Dios afeminado que se esconde,
que a la voz del creyente no responde,
si en su altar no hay encajes ni oropel.

¡Eso no es Dios! El Dios en quien yo creo
tener no puede el interés del oro;
el Dios Verdad, el Dios a quien yo adoro,
no cambia sus bondades por metal.

Su Espíritu Gigante no se oculta
en el recinto estrecho de un Sagrario;
el Universo entero es su Santuario;
porque es la Providencia Universal.

Interna Voz, Inagotable Fuente,
Fecunda Luz, Vivificante Esencia,
la base de tu Templo es la Conciencia,
y tu Gran Sacerdote, es el Amor,

Yo sé que existes, Inmutable, Grande;
yo en tus bondades infinitas creo,
porque en la tierra y en los cielos veo
resplandecer esta palabra, ¡Dios!

Girólamo Savonarola (1452-1498)

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NO TENGO NOMBRE (Por J. Krishnamurti)

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No tengo nombre:
Soy como la fresca brisa de las montañas.
No tengo albergue:
Soy como las inquietas aguas serpenteantes.
No me encierro en santuarios,
como los tétricos, antiguos Dioses;
Ni en la sombra me oculto
de misteriosos templos enormes.
En los libros sagrados no me revelo,
Ni en las viejas tradiciones mi voz se infunde.

No subo en el incienso
de los altares,
Ni brillo en la soberbia
pompa litúrgica;
No animo las talladas
ricas imágenes,
Ni vibro en el espléndido
cántico grave.

No me limitan hondas,
vastas teorías;
Ni me enturbia la niebla
de las creencias.
Con ritos no me cercan
las religiones,
Ni, en agonías de éxtasis,
Piadosos me retienen
sus sacerdotes.
No me apresan sutiles
filosofías,
Ni sus mil y una sectas
yugo me imponen.

No soy alto ni bajo,
Ni suave soy ni áspero.
El adorador soy,
Y soy el adorado.
Soy libre.
Y es mi cántico
El cántico del río que por el mar abierto clama,
Y a su encuentro se lanza,
Corriendo siempre, siempre…
Yo soy la Vida.

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